Colombia y la maquila mexicana

Desde hace más de 50 años las maquiladoras son uno de los motores de la economía mexicana. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) de ese país, más de 5.100 fábricas, que trabajan bajo este régimen, representan el 17 por ciento del PIB y emplean a 2,3 millones de personas. Se trata de una industria localizada, en su mayoría, en la frontera con Estados Unidos y que ha sido un gran instrumento para fomentar y aumentar las exportaciones de este país.

A pesar de lo anterior, la maquila ha sido, especialmente en los últimos tiempos, un régimen cuestionado. Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), publicado en agosto del 2013, sugirió evaluar su régimen especial porque consideraba que algunas de sus concesiones eran demasiado generosas y subrayaba que en la situación actual, en que la relación mexicana entre costo y competitividad ha mejorado, su eliminación o reducción no iba a impedir a las maquiladoras seguir siendo atractivas para los inversionistas extranjeros. Además, se ha cuestionado a las maquiladoras por el bajo valor agregado de los productos que se fabrican en ellas, basados en materias primas importadas que se transforman en productos acabados con una limitada participación de partes e insumos nacionales.

Compartiendo estas ideas, el presidente Enrique Peña Nieto impulsó una reforma tributaria que implica el aumento del Impuesto Sobre la Renta (ISR) y establece limitaciones para deducir las prestaciones y la exención del IVA a importaciones temporales. En el caso del impuesto a la renta, se establece una tasa del 30 y 10 por ciento adicional sobre dividendos o utilidades a sus accionistas residentes en el extranjero.

El Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufactura de Exportación (Index), que las agrupa, afirma que desde que se conoció el aumento de impuestos hay parados 140 proyectos de inversión extranjera que moverían un capital de 2.500 millones de dólares. Busca demostrar que las utilidades no se van al bolsillo de sus propietarios, sino que generan empleo, inversiones en universidades técnicas y apoyan programas sociales. Ni el turismo ni las remesas mueven más dinero que esta industria, y solo está por debajo del petróleo. Sostiene que los trabajadores pueden ser los grandes perjudicados, pues podrían perder prestaciones como bonos de productividad, puntualidad o asistencia, que no son obligatorios por ley.

Pero la gran preocupación del Consejo esta, con base en un estudio realizado por KPMG sobre la ‘Competitividad fiscal internacional de la industria maquiladora’, en el hecho de que, como consecuencia de la globalización, el gran beneficiado de esta reforma será la fuerte competencia que representan países como China, Brasil, Costa Rica y Corea del Sur, que obligará a las maquiladoras mexicanas a reinventarse para compensar la alta carga fiscal. Este análisis no incluye a Colombia, pero sería conveniente examinar cómo puede aprovechar el país esta situación, especialmente ahora que esta vigente el TLC con Estados Unidos. Además el estudio establece un ranking con las posiciones de los diferentes países con relación a su impuesto sobre la renta, así como por las contribuciones de seguridad social, que puede ser útil para que Colombia se compare con estos países, y de esta forma pueda medir cuál es su situación competitiva en esta materia.

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